San Ignacio de Loyola: Ignacio de Loyola fundó la Compañía de Jesús en 1540 con nueve compañeros, mediante la experiencia de los ejercicios espirituales. Desde entonces, muchos hombres de todo el mundo, a lo largo de 460 años, se han sentido llamados a continuar como religiosos la tarea de Jesús: comunicar que Dios es Padre, instaurando un reino de hermanos bajo el impulso del Espíritu. Pero ¿quién fue Ignacio de Loyola, ese hombre que no buscó otra cosa que la voluntad de Dios para cada momento y para cada circunstancia concreta? . San Ignacio de Loyola, y la Compañía de Jesús fundada por él, no ha dejado de interesar a católicos y no católicos. Algo muy suyo tuvo Ignacio, y lo dejó en herencia a la Compañía de Jesús, que sigue influyendo en el mundo moderno. El jesuita, como Ignacio hace quinientos años, sigue siendo aceptado por unos y rechazado por otros. |
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El Fundador:
En
París, obtiene el título de licenciado en filosofía, y lo empiezan a llamar el
Maestro Ignacio. Los dos En 1535 Ignacio regresó a su tierra natal para atender su quebrantada salud y resarcir, con el testimonio de su vida y su trabajo apostólico, los malos ejemplos que dio en su juventud. Después de unos meses partió para Venecia donde encontraría a los otros seis compañeros. Allí durante un año dio los Ejercicios Espirituales y estudió teología. En enero de 1537 llegó el grupo con tres compañeros más. Los diez amigos en el Señor esperaban la salida a Tierra Santa, mientras atendían pobres y enfermos, y a los seis meses fueron ordenados sacerdotes. Debido a las tensiones con los turcos no pudo salir ninguna nave de peregrinos hacia Tierra Santa, así que durante la espera se dispersaron por las ciudades cercanas. Como la peregrinación se volvió imposible los compañeros acordaron posponerla un año, y en caso de que tampoco pudiera realizarse, entraría en vigor la cláusula que se refería al Papa, contenida en los votos de Montmartre, por la que deberían someter su trabajo a los planes del Papa. Estuvieron un tiempo en Vicenza dedicados a deliberar y hacer oración y les pareció que lo más prudente y acorde con la voluntad de Dios era dedicar los siguientes meses a servir a los demás en las grandes ciudades del norte de Italia. En aquellos días que pasaron juntos en Vicenza pensaban ya en formar un grupo cuyo nombre les parecía que podía ser Compañía de Jesús; porque no reconocían más guía que a Jesucristo, a quien anhelaban servir, única y exclusivamente. Deseaban servir al prójimo y dedicarse por entero a ayudarle en todos sus problemas y necesidades, para que de ese modo se hiciera patente el amor de Dios a los hombres. |
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Ignacio es un seguidor, apasionado de Cristo pobre y humilde. Jesús es el centro polarizador que transforma su existencia, le comunica pleno sentido a su vida y provoca la entrega incondicional. El deseo permanente e insaciable de conocer cada día mas a Jesús de amarlo y seguirlo, es lo que determina su vida. Ignacio concibe la vida desde este lema: "En todo amar y servir”: El peregrino, ese hombre siempre en movimiento y en búsqueda, un perpetuo caminante tras el rastro de Dios, va tratando de buscar su voluntad y la manera cómo le podrá prestar el mayor servicio, el más adecuado, el más perfecto en cada momento y situación, "en todas las cosas': Es una espiritualidad que se vive en la historia, desde la historia, transforma la historia
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Han transformado muchos corazones y muchas vidas y do la fuente de importantes cambios sociales y culturales. No son un sistema cerrado y rígido, sino, al contrario, flexibles y adaptables a diferentes estadios del itinerario espiritual y a las distintas edades que pueden seguirse en la vida. Este pequeño librito, que lo fue Ignacio componiendo poco a poco, es fruto de su experiencia. En él encontramos mucho de lo que pasó por el alma de Ignacio, en sus días de Loyola y Manresa y otros tiempos. Son praxis, y teoría para una praxis, son pautas para ejercitarse". Ignacio quiere que como él lo hiciera, cada uno se pare a pensar, razone consigo mismo, pida luz a Dios se enfrente con las grandes cuestiones: Dios, la Historia y Yo. Son métodos y sistemas, escuela de oración, fuente de libertad convertida en pasión, instrumento de conversión. A su luz muchos se han visto renacer, convertirse en personas nuevas. El librito Ignaciano fue editado en Roma en 1548, sin nombre de autor ¡Para qué! lo importante era la sustancia. |
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Autobiografía de San Ignacio de
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Ave. Río Lempa, 9
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